lunes, 25 de junio de 2012

CADA DÍA


    Acababa de escribir la página anterior cuando encontré este libro, A year with Rilke, daily readings, en un cajón de saldos de una librería. El libro da una de las repuestas posibles a esas preguntas, “¿cómo y dónde?”, sobre la lectura de poesía. Al ofrecer un poema para cada día del año, el libro está contestando a la vez a las dos cosas. Un poema, un sólo poema, y un solo poema que no hay que elegir, se puede leer en cualquier lado. Es cosa de un instante.

    Esa propuesta, que enlaza con el lema juanramoniano “amor y poesía cada día” y con los versos de Celaya,

poesía necesaria,
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,

tiene algo de liturgia de las horas, y el libro, algo del officium divinum. Como los viejos breviarios de tapa negra con letras doradas y papel biblia, estos daily raedings hay llevarlos, para cumplir el precepto, siempre al lado, cuando se emprende un viaje y cuando se queda uno en casa, en vacaciones y en tiempo laboral, en días de salud quebrada que hay que sobrellevar en hospitales o en días de convalecencia que hay que pasar en sanatorios de montaña. Siempre y en todo lugar, para que no falte nunca el alimento poético.

    La mística del  breviario y la necesidad del sustento espiritual están detrás de esta tarea de selección, traducción y distribución de los poemas a lo largo de las 365 páginas del libro que han emprendido las editoras, Macy y Barrows. Han elegido a Rilke, dicen, porque es el poeta que da respuesta a las grandes cuestiones de la existencia. Y porque nos ha dado también la gran lección de la fragilidad, de la exquisite fragility de nuestra vida: por eso, el poeta nos invita a tener presente la muerte y a aceptar nuestra mortalidad, a convivir con el sufrimiento, a buscar a Dios,  a vivir en armonía con el mundo, a huir del sentimentalismo lacrimoso y a evitar la codicia de las cosas. Y porque nos obliga a transformar el mundo,

Earth, isn’t what you want?

y a transformarnos a nosotros mismos, perdiendo el miedo a la soledad, y aprendiendo a vivir a la vez en el mundo visible y el invisible.

    Y todo ello, escriben las editoras, con una luminous simplicity.  Aunque en esto cometen, de cuando en cuando, algún piadoso engaño: cuando Rilke no es simple –y no suele serlo–, lo simplifican o lo aclaran –discretamente– ellas. Un solo ejemplo: el lector recordará el célebre epitafio que Rilke compuso para su tumba. Cuando las editoras lo traducen,

Rose, oh pure paradox, desire
to be no one’s sleep beneath
the many eyelids of your petals,

rompen el encanto de su misterio al aclararlo. Cuando Rilke escribe “sueño de nadie bajo tantos / párpados”, traducen, con innecesario prosaísmo, “sueño de nadie bajo tantos / párpados de sus pétalos”. Rilke, más sutil que sus traductoras, había dejado a la intuición lector el imaginar que los párpados de una rosa son sus pétalos.

Joanna Macy y Anita Barrows, A year with Rilke, Nueva York 2009

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