sábado, 5 de mayo de 2012

LAS VIDAS PARALELAS


            Cuando escribí la biografía de Novalis puse un apéndice español que el editor, con razón, suprimió. Hay un Novalis español. Un poeta prerromántico que murió con veinticinco años. Murió de tuberculosis. No era sólo poeta, era también filósofo: cuando murió estaba terminando una personalísima historia de la filosofía. Su geografía vital fue muy reducida: apenas salió de su comarca natal. En su primera juventud leyó a los clásicos griegos y latinos, y los imitó en sus primeros versos. Estudio derecho, sin sentir en ningún momento vocación por las leyes. Estuvo en relación epistolar con otros escritores de su generación. Se dedicó apasionadamente a las ciencias, no sólo a la filosofía. Tuvo un amor frustrado que dejó un rastro lírico en su obra. Era devotamente religioso. Su fortaleza moral contrastó siempre con su debilidad física. En vida sólo publicó un poema aislado y un conjunto de poemas reunidos en libro. Escribió fragmentos en prosa que quedaron inéditos. De él se conservan sólo dos retratos: un cuadro en color y un grabado sacado de aquél. Todo lo escrito en este párrafo valdría para sintetizar la vida de Novalis y también la del español Manuel de Cabanyes.

            A diferencia de Novalis, Cabanyes no llegó a ejercer ninguna carrera jurídica. La enfermedad le mantuvo confinado en la casa natal, la Masía d’en Parellada, siempre con la esperanza de que el aire fresco que sopla desde macizo del Montseny le devolviera la salud. La masía es una villa neoclásica, con una gran galería porticada, que levantó un arquitecto italiano que se inspiró en las villas renacentistas de la Toscana. Está en una colina del llano de Vilanova. Cabanyes murió en 1833, y poco después estalló la primera guerra carlista. La masía quedó en el frente, y la abandonaron. Pasó mucho tiempo hasta que volvieron a habitarla. En 1975, los nuevos Cabanyes que eran dueños de la masía la vendieron al ayuntamiento de Vilanova i la Geltrú, que una década más tarde la convirtió en museo dedicado a rememorar el ambiente del romanticismo. Conserva el mobiliario original, al menos en la biblioteca y los dormitorios. El jardín está probablemente más cuidado que entonces, y es posible que dos grandes olivos y alguno de los cipreses y palmeras que rodean la masía fueran jóvenes vástagos cuando Manuel de Cabanyes paseaba su languidez por la casa familiar.

            Cabanyes publicó un solo libro, Preludios de mi lira. En el prólogo expresa su dificultad para escribir en castellano. Maragall escribió, refiriéndose a Cabanyes y otros poetas catalanes que no se atrevieron a expresarse en su lengua materna: “Hay en ellos un no sé qué de austeridad catalana en el sentimiento, y de noble sobriedad en el lenguaje que equivale a lo mejor de la influencia clásica, a expensas, sin embargo, de la emoción poética, que sólo brota palpitante y comunicativa cuando el poeta habla en vivo, esto es, en su lengua íntima”.

            No hay tosquedad en Cabanyes, pero sí una cierta dureza, embridada además por los ecos neoclásicos, “una cierta dureza simpática”, como dice Maragall. Azorín escribió: “La primera impresión que se tiene al leer a Cabanyes es de extrañeza: no lo comprendemos. Hay que leer dos y aun tres veces; en la segunda lectura, en la tercera, Cabanyes es nuestro; nos entregamos por entero, con amor, con pasión, al poeta. Hay en Cabanyes exceso de erudición, exceso de transposiciones. Leído Cabanyes desde el escenario de un teatro, el público no lo entendería: subyugaría, con todo, por la magia de su música. No podemos dejar de hablar de romanticismo en Cabanyes: escribe ya dentro de la tolvanera romántica. No existe en Cabanyes desmelenamiento; no se esparce; no se derrama; no se disipa. Esencial es en Cabanyes la concentración, el refrenamiento”.

            Ya en la primera estrofa del primer poema de los Preludios aparece un “arpa solitaria”: es como un clarinazo que anuncia  la filiación romántica del autor.

Sobre sus cantos la expresión del alma
Vuela sin arte: números sonoros
Desdeña y rima acorde; son sus versos
        Cual su espíritu, libres.

            Lo curioso es que ese desdén hacia los “números sonoros” y la “rima acorde” no pasa de ser un manifiesto poético. Luego no lo cumple. En la breve obra de Cabanyes predomina la estrofa sáfica —tres endecasílabos y un heptasílabo— y las largas series de endecasílabos blancos.

            A diferencia de los románticos posteriores, más mundanos, Cabanyes es, como Novalis, un hombre religioso. Pero hay también en los versos de Cabanyes, como en los de Novalis, una exaltación mística de la amada, muy del gusto romántico.

            No hay dos poetas iguales, y por muy paralelas que sean sus vidas, sus versos suenan de manera muy distinta. El apéndice español resultaba disonante. 

Retrato de Manuel de Cabanyes, por Sinibaldo de Mas.

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